VÍA ORAL: Palabras venenosas
Con este modo de vida, ya se ve, no viviré largos años pero siempre traeré una sonrisa en la boca.
O casi siempre. Permitan que me confiese ante ustedes: sufro enormemente cuando abro la cajetilla de cigarros. No es la certidumbre del enfisema que se avecina, no es el terror del cáncer que convoco, no… son los terribles mensajes admonitorios que en ella vienen impresos.
Y es que, en efecto, dan terror. No por el mensaje que pretenden trasmitir (lo que intentan decir todos los sabemos) sino por la horrorosa redacción en que están cifrados.
“FUMAR DURANTE EL EMBARAZO, AUMENTA EL RIESGO DE CANCER PREMATURO Y DE BAJO PESO EN EL RECIEN NACIDO”. Esto lo dicen por un lado de la caja, y en verdad llama a asombro que en una sola oración (algún purista diría que son dos oraciones, en realidad) se encuentren tantas inexactitudes.
En primer lugar las mayúsculas. La Real Academia (en su maravilloso Diccionario Panhispánico de Dudas) acepta que se pueden usar en frases enteras, siempre y cuando sean parte de un texto y, en este caso, no hay más texto que el de la frase. En segundo lugar, los acentos. Si no era suficiente concesión el uso indiscriminado del traje de gala de las letras, resulta ahora que los redactores también se permitieron olvidar la tilde de “recién” y de “cáncer”. Pero no se preocupe, ya que estamos hablando de esa enfermedad, el textito nos aclara que el tabaco no aumenta el riesgo de cáncer, sino de cáncer prematuro, lo que nos hace concluir que hay un tipo de cáncer que llega justo a tiempo, lo que, honestamente, se me hace una magna estupidez.
En último lugar hay ahí una coma asesina, literalmente. Un ajolote que me hace dudar de la integridad (ja, ja) de los tabacaleros. Según me enseñaron en primaria, secundaria y demás entidades educativas nunca debe ir una coma entre el sujeto y el predicado. No hay razón para que exista. Se me hace una recomendación pertinente que ayuda a la claridad y la fluidez. Sin embargo, los genios que escribieron esta advertencia (para mayor dolor de mi alma déjenme informarles que este texto fue consensuado entre las autoridades sanitarias y los empresarios) o cometieron un error o deliberadamente decidieron hacer una separación entre ambas frases. Con el negro historial de las empresas cigarreras no se me hace difícil creer que hubieran dejado pasar este fallo. Suelo ser un malpensado y un entusiasta partidario de la teoría del compló, así que creo que esos redactores malvados pusieron esa coma para que la primera frase: “Fumar durante el embarazo” se leyera como una orden… aunque los muchachos del barrio me llamen loco.
Pero ¡oh dolor! hay otra amable frase en un flanco de la cajetilla, reza: “ACTUALMENTE NO EXISTE UN CIGARRO QUE REDUZCA LOS RIESGOS A LA SALUD”. Más allá de las mayúsculas, a las que ya me resigné, este letrero nunca dice que todos los cigarros son igual de dañinos, que no hay uno menos insano que otro, mensaje que sería el útil para el consumidor. Tal como está la redacción lo único que se nos informa es que ningún cigarro es curativo. Y especificar que “actualmente no existe” es dejar abierta la posibilidad a que un día exista… sigamos fumando, entonces, quién quita y un día nos toca la suerte de fumar uno que sea la panacea.
Así que ya se ve, los errores ortográficos son más que un descuido en la escritura, son también un descuido intelectual y una perversidad (deliciosamente adictiva), en algunos casos.













